Clínica Ulcemed

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Micronutrición. Medicina del siglo XXI

Somos administradores de la salud de nuestro cuerpo sin haber recibido la formación adecuada para realizar esa tarea. Así, que, frente a los avisos de mal funcionamiento (síntomas), hemos aprendido del conocimiento médico a veces y otras del saber popular, que existe algún remedio que los anula: frente a la inflamación antiinflamatorios, o frente a la acidez antiácidos, por ejemplo. Evidentemente, esta actitud clásica solo conduce a la cronificación del problema, sobre todo si tenemos en cuenta que el aviso puede aparecer en una parte del cuerpo y la causa puede estar en otra.

 

Hay muchas evidencias que conducen a la necesidad de establecer la valoración del estado de salud desde una perspectiva global del organismo, en la que tienen un papel protagonista dos aspectos básicos: las interacciones entre los sistemas del cuerpo, especialmente digestivo, endocrino, inmunológico y nervioso, y la nutrición. Dicho de otro modo, es fundamental asumir que “somos lo que comemos”, porque, aunque no es del todo exacta, sí es buen punto de partida para el objetivo que perseguimos.

 

Es preciso transmitir la perspectiva actual de la Medicina que está al alcance de todos:

  • el estilo de vida que llevamos supone para nuestro organismo una alimentación insuficiente, tanto por la mala masticación como por la inadecuada frecuencia de tomas, y la pobre calidad de los nutrientes que ingerimos.
  • el estrés, el pobre descanso, o el uso inadecuado de medicamentos, especialmente antibióticos, antiinflamatorios, y “protectores gástricos”, conducen a un trastorno que comienza por una alteración del equilibrio de la micropoblación intestinal (disbiosis), y lleva, en la mayoría de los casos, al fallo de la permeabilidad del intestino.
  •  Estas circunstancias anteriores provocan que haya partículas, conocidas o no por nuestro sistema inmune, que entran en contacto con él y provocan una respuesta defensiva anómala.

 

Esta información debe ofrecerse a la población general, sin distinción entre sanos y enfermos, porque a todos alcanza el mal estilo de vida. Todos tenemos carencias de micronutrientes que condicionan la aparición de un amplio espectro de alteraciones como fatiga, mal aliento, mareo, náuseas, estreñimiento, diarrea, flatulencias, cefalea, ansiedad, depresión, hipertensión, dolores articulares, intolerancias, o sobrepeso. Y son disfunciones que tratamos de solucionar sobre la marcha, en lugar de prestarles atención y considerarlas avisos de futuras enfermedades crónicas, que se están originando día a día en los más pequeños componentes vivos de nuestro cuerpo: las células.

 

De ahí el concepto que da título a la rama de la Medicina que presentamos aquí: la Micronutrición: el estudio de las consecuencias que tienen las alteraciones de los niveles de los micronutrientes en la salud de las células, y del modo de restablecer el equilibrio.

 

Existe abundante documentación científica que muestra cómo el incremento de las enfermedades autoinmunes, enfermedades inflamatorias del intestino, y alergias, son debidas a alteraciones en la interacción del individuo con los sucesos que ocurren continuamente en sus mucosas, y destaca la importancia de la población bacteriana intestinal en el desarrollo de algunos mecanismos inmunitarios, particularmente en las enfermedades alérgicas, porque ofrece la oportunidad para diseñar estrategias de intervención que pueden evitar el desarrollo de estos padecimientos. La moraleja es evidente: para mantener la salud es fundamental aprender a no ir en contra de nuestra propia biología.