La elección del calzado en el pie adulto
Los pies son el medio de transporte que más utilizamos a lo largo de nuestra vida, y no siempre les prestamos la atención que merecen, soportan todo el peso del cuerpo y nos dan estabilidad permitiéndonos caminar erguidos.
El uso de un mal calzado puede perjudicar a nuestras articulaciones y crearnos problemas de cadera, rodilla y columna vertebral, así como mal olor, rozaduras, onicocriptosis y callosidades, provocando daños en nuestra postura global, según Inmaculada Sanz, podólogo en Madrid.
De ahí la necesidad de elegir el calzado más adecuado para cada pie, y cada persona.
Hay que saber buscar una serie de características básicas en el calzado, aunque no siempre es fácil a causa de las modas, los precios, o los factores medioambientales. A continuación describimos algunas:
- Tacón: Tan malo es un calzado completamente plano, como un calzado con un tacón excesivamente alto. Esto se debe al reparto de la carga entre antepié y retropié. Lo ideal son entre 2-3 cm de altura. El ancho de tacón también es importante, a mayor base de sustentación, mayor estabilidad. Es conveniente evitar los tacones de aguja.
- Contrafuerte: Da estabilidad y sujeción desde el talón, debe ser duro para cumplir su función, pero nuestra comodidad mejorará mucho si está acolchado.
- Pala: Es la zona que recubre los dedos y parte del empeine. Debe tener la capacidad suficiente para albergar nuestro pie sin producirnos roce en la parte superior de los dedos, ni comprimirlos lateralmente.
- Suela: Hay que fijarse en el grosor y la flexibilidad de la Ni muy gruesa y rígida, ni muy fina y flexible, debemos evitar el efecto bayeta (se produce cuando podemos retorcer un zapato como si fuese una bayeta).
- Material: Es recomendable escoger calzados con materiales naturales como la piel para una mejor transpiración de los pies y una adaptación más rápida y fácil por su flexibilidad.
- Sujeción: La importancia de usar calzado acordonado o con velcro, así como el hecho de recomendar el calzado tipo bota o botín, reside en la estabilidad que aportan a la articulación subastragalina y el tobillo, ayudando a una pisada más neutra.
Esto no quiere decir que no podamos usar unas chanclas en la piscina o un zapato de tacón en un evento, pero sí hay que evitar el abuso de los mismos. Quizás, el mejor consejo, es adecuar el calzado a la actividad que se vaya a realizar.
Somos diferentes, y nuestros pies también lo son, consulta a tu podólogo por el tipo de calzado que necesitas. ¡Nos importa tu salud!
Inmaculada Sanz, podólogo en Madrid.
